La cobijada vejeriega

Vejer de la Frontera es uno de los pueblos con más encanto de la provincia de Cádiz. Encaramado a un pequeño monte, sus calles empinadas, retorcidas y estrechas, y sus casas blancas nos recuerdan un pasado musulmán que se entremezcla con la arquitectura cristiana. Esa mezcolanza le da un halo especial a Vejer que enamora por igual al turista se topa con ella por primera vez, que a aquel que ha pisado sus calles más de una vez. En un paseo tranquilo por sus calles, quizá decidas acercarte hasta alguno de sus miradores y será en uno de ellos donde te encuentres con una escultura singular que representa a una mujer cubierta casi por completo por un traje negro: el cobijado.

cobijadas-fco-prietoAl contrario de lo que ocurre en la mayoría de Andalucía, donde los trajes típicos son alegres y tratan de mostrar la belleza de la mujer, la cobijada cubre parte de su rostro con un manto de color negro, de tal manera que la única parte visible sea uno de sus ojos. La indumentaria es totalmente negra y consta de una falda suelta que cae hasta los pies; un manto, que no es más que una de las enaguas vuelta, que sube desde la cintura por la espalda y cubre todo el busto y, sujeto por la mujer con las manos, también el rostro, dejando descubierto tan solo el ojo izquierdo.

Aunque, debido al pasado musulmán de Vejer de la Frontera algunos quieran ver reminiscencias árabes en la cobijada, lo cierto es que su origen habría que buscarlo en el reino castellano allá por el siglo XVI y puede observarse en otras poblaciones en las que las mujeres tapaban sus cabezas con cómodos mantones de seda que denominaban “saya y manto”.

Además, su singularidad ha llamado la atención de los viajeros a lo largo del tiempo, destacando el romántico inglés Richard Ford, quien a su paso por Tarifa dejó escrito:

richard-ford-vejer“La mantilla es el tocado femenino aborigen de Iberia […] la cara tupida o tapada, o sea, el rostro así envuelto, fue siempre respetado en España, de la misma manera que Mesalina envolvía bajo el manto de modestia sus adulterios imperiales. Este camuflaje es indudablemente de origen oriental […]; y no se crea que la costumbre está pasada de moda en Andalucía, porque sigue practicándose en Tarifa, donde las mujeres siguen usando la mantilla de la misma manera que las árabes el boorkó y de acuerdo con la actual moda egipcia del tob y el habarah, que consiste en no mostrar más que un ojo; éste sin embargo, punza y penetra, emerge del velo oscuro como una estrella, y la belleza se concentra en un solo foco de luz y significado”

Richard Ford: Manual para viajeros por Andalucía y lectores en casa (1845)

Prohibida en varias ocasiones, ha sido recuperada en otras, la última finalizada la guerra civil aunque las penurias de la posguerra habían hecho desaparecer casi todos los trajes originales (se conserva uno en el Museo del Traje de Madrid). Desde 1976 se utiliza de forma oficial en las fiestas patronales, durante el acto de coronación, donde se proclama la cobijada mayor y cobijada infantil que representarán durante el siguiente año a la mujer vejeriega en numerosos actos protocolarios.

En la actualidad se asocia, casi exclusivamente, con Vejer de la Frontera, pero también se dio en otras ciudades gaditanas como Tarifa e, incluso, en América, donde la tapada limeña guarda no pocas similitudes con la vejeriega, si bien allí dio un juego al arte de la insinuación y llegó a convertirse en símbolo de clandestinidad e, incluso, hay quien defiende que sirvió a la lucha por una incipiente libertad femenina al ocultar el rostro e impedir conocer a la persona que se escondía tras la saya.

Ven a conocer Vejer de la Frontera con nosotros.

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